Hasta pronto mamá, gracias por la lección de vida

Ya ha pasado un tiempo desde la última vez que puse mis pensamientos en palabras. Debo confesar que los últimos meses de mi vida han sido demasiado difíciles para mí, pues estuve al lado de mi madre batallando una enfermedad que finalmente tomó su vida.

Hoy 13 de diciembre es su cumpleaños y pienso que tal vez aun estaría con nosotros si en el camino hubiéramos visto e  interpretado las circunstancias de un modo distinto y de este modo haber tomado acciones distintas. La razón por la cual siento la necesidad de compartir mi historia, es precisamente porque creo que mi punto de vista puede traerle paz y tranquilidad a personas que en este momento estén sufriendo un perdida de un ser amado, o que en este momento estén padeciendo en carne propia o a través de un ser querido una de las llamadas “enfermedades terminales”

Lo que voy a compartir acá no tiene ningún sustento científico pero si un respaldo empírico de lo que fue una lucha de 6 años del cáncer de estómago que padeció mi mamá.

En el 2010 acompañé a mí mamá a la clínica para hacerse una endoscopia. El resultado fue que ella tenía un cáncer de estómago. No puedo describirles exactamente que sentí, pero lo más cercano fue pánico y un miedo incontrolable. En mi mente la palabra CANCER era sinónimo a sentencia de muerte y así fue como toda mi familia la tomó.

Lo que sucedió después, fueron años de aprendizaje a través de errores y miedos. Porqué digo miedo… precisamente, porque la emoción del miedo tiene como efecto paralizarnos o hacernos huir, nos muestra claramente como algo que es importante para nosotros podemos llegar a perderlo y como en presencia del miedo es común que no podamos hacernos cargo o responsables de lo que está pasando y buscamos que otro se haga cargo (oímos y vemos lo que queremos ver y oír).

En nuestra ignorancia acudimos de inmediato al médico familiar, una persona honesta que siempre se preocupó por nuestra familia. En esa fe ciega que alguna vez le concedimos a las batas blancas de la figura de los médicos, escuchamos lo que queríamos escuchar, una solución para salvar a mi mamá sin importar si esta era o no la mejor decisión para ella.

El cirujano en su criterio y muy acorde a su especialidad nos dijo  que el cáncer estaba encapsulado y que antes de que fuera tarde era necesario extirpar todo el estómago para evitar que se esparciera el cáncer.  Sin pensarlo mucho, optamos por el plan que nos ofrecía una solución “inmediata”. Este fue el comienzo de una serie de errores pues al estar cegados por el miedo, decidimos actuar frente algo que solo combatía el síntoma mas no la causa y para desgracia nuestra, esa intervención quirúrgica llevo a una serie de complicaciones que tuvieron a mi mama en cuidados intensivos al borde la muerte por más de 40 días y que finalmente sería la causa de su muerte 6 años después y no el cáncer directamente.

Con la operación del cáncer de estómago comenzó un camino de errores y tropiezos. Al quitarle a mí mama el estómago, hubo una complicación la cual consistió en que el intestino no pego bien al esófago generando una peritonitis y una segunda cirugía de emergencia. En esa cirugía, si saber con exactitud cuál fue la causa, se cortaron por error unos vasos sanguíneos lo que conllevó a que se necrociara el colon ascendente y trascendente llevando a mi mamá a cuidados intensivos por más de 40 días. De manera milagrosa mi mamá sobrevivió a esa carnicería a la que fue sometida.

Es aquí donde comienza lo curioso de esta historia y es donde quiero hacer especial énfasis sobre el poder que tiene la mente y nuestras emociones sobre nuestro estado de salud y bienestar en general.  Pasaron 6 años y cada 6 meses mi mamá tenía exámenes y controles para supervisar si su cáncer había vuelto. Pese a que en cada oportunidad salían resultados elevados y serios indicios de que podía haber vuelto el cáncer,  debido a que los PET Scan (un examen especializado para detectar tumores cancerígenos) que le realizaron no detectaron ningún tumor, el oncólogo de manera muy impersonal y poco profesional se limitaba a leer los exámenes sin atender a mi mamá y devolverlos con una carita feliz, la cual significaba que “no había cáncer”.

Porqué digo que esto genera curiosidad? Recientemente descubrimos que hay estudios científicos  que señala índices de reincidencia de cada tipo de cáncer medido en meses o años. Lo anterior significa que después de un tiempo, en muchos casos el cáncer vuelve y toma su víctima. En el caso del cáncer gástrico, un paciente que tenga este diagnóstico tiene un pronóstico de vida de 18 meses (obviamente hay muchos factores que hacen variar este tiempo). Lo extraño en el caso de mi mamá fue que gracias a la falta de profesionalismo y desatención de su oncólogo, mi mamá cada vez que recibía una carita feliz, la vida y sus pensamientos le otorgaba un año más de vida, es decir, cada carita feliz era un año más de vida.

A finales de febrero de 2015, mi mamá comenzó a vomitar prácticamente todo lo que comía. Después de muchos exámenes, finalmente un gastroenterólogo amigo de ella le diagnosticó que tenía una obstrucción intestinal generada en la unión del esófago y los intestinos como consecuencia de la cirugía en la que le quitaron el estómago 6 años atrás y debido  A QUE EL NO FUE CAPAZ DE PASAR CON UNA SONDA, la única forma de salvarla era someterla una vez mas a cirugía para que con bisturí la desenredaran.

En esta nueva etapa, nuevamente hubo errores médicos pero la voluntad de vivir de mi mamá seguía inquebrantable y con semblante increíble, muy optimista y muy fuerte. Mi mamá se sometió a una nueva cirugía para poder quitar la obstrucción intestinal y para sorpresa nuestra al momento que la abrieron sus órganos tenía “cáncer por todos partes”… El médico nos dijo que debido a este cáncer no podía quitar la obstrucción y que por lo tanto NO HABÍA NADA QUE HACER, que lo de mi mamá era terminal, que organizáramos nuestros asuntos que pronto moriría.

Como familia decidimos decirle a mi mamá que por el momento la medicina no podía hacer nada más puesto que la única solución que ofrecían era quimioterapia y esta no era posible debido a que estaba muy flaca y su cuerpo no iba a ser capaz de resistir. En su lugar, le dijimos que podríamos intentar con terapias alternativas a lo cual ella se vio abierta, al fin y al cabo, parte de su recuperación hace 6 años fue gracias a que nos apoyamos en terapias alternativas.

Superado este choque contra la pared, no llevábamos ni 3 días cuando sin permiso un amigo de mi mamá de muchos años que además era oncólogo sin autorización (POR QUE ES MÉDICO) de la familia subió al cuarto y le dijo frente a todos nosotros y sin consultarlo previamente que sentía mucho tener que hacer de ogro y le dijo que no había nada que hacer, que el lleva siendo oncólogo mucho tiempo y que ella se iba a morir pronto, que lo aceptara…

Los médicos son personas valiosas en nuestra sociedad y día a día salvan vidas. Sin embargo, el hecho de ser médico no te da permiso de pasar por encima de las personas y pisotear sus esperanzas simplemente porque con su conocimiento y con las herramientas que ellos manejan NO HAY NADA QUE ELLOS PUEDAN HACER, cuando una respuesta sabia y humilde debería haber sido NO SE QUE HACER o no hay nada QUE YO PUEDA HACER.

Es aquí donde comienza la verdadera lucha que tristemente perdimos. En resumen, mi mamá dejó de creer que podía sobrevivir, al fin y al cabo a las personas a quien le había dado la confianza y autoridad le dijeron que no había nada que hacer y en picada comenzó su decaimiento.

Mi mamá fue enviada a la casa con cuidados paliativos que consistían en remedios vía oral como dolex para niños y remedios para las náuseas. Al ver que a mi mamá la habían mandado a morir, acudimos a médicos homeópatas y bioenergéticas y comenzamos con ellos un tratamiento donde lo primero que se hizo fue quitarle los remedios alopáticos cuya única función era dopar u ocultar los síntomas.

Quiero contarles que en menos de dos semanas físicamente mi mamá comenzó a tener mejoras y la más notoria fue algo que desde la medicina tradicional no era posible. Desde que a mi mamá le quitaron el estómago y parte del colón, los médicos le dijeron que ella siempre que fuera al baño a hacer popó tendría soltura y le mandaron remedios para disminuir los síntomas. Para nuestra sorpresa, por primera vez en 6 años, mi mamá comenzó a ir al baño y a hacer popó DURO.

Más adelante, tuvimos la suerte de dar con una gastroenteróloga muy humana en su trato con el paciente y con mejores herramientas que el gastroenterólogo que le diagnosticó la obstrucción intestinal que SEGÚN SU CRITERIO solo podía quitarse con cirugía. Esta gastroenteróloga nos dijo que era posible dilatar el intestino con una sonda y que si esto no funcionaba se podía ponerle a mi mamá en la zona del intestino un Stent esofágico. Efectivamente eso hicimos y mi mamá pudo volver a alimentarse.

Desafortunadamente para el caso de mi mamá, entre la noticia del NO HAY NADA QUE HACER y que lográramos desobstruir el intestino ya había pasado casi dos meses y desafortunadamente para su mente ya era demasiado tarde. Desde que el oncólogo amigo de ella le dijo que no había nada que hacer, ella comenzó a morirse de un cáncer que durante 6 años siempre estuvo presente pero que siempre estuvo en un segundo plano pues hasta esa fecha ella creyó que le había ganado la batalla. Al poco tiempo mi mamá murió y descansó del sufrimiento que estaba padeciendo desde que le dijeron que moriría y que “no había nada que hacer”. Desde que recibió esa noticia y debido a las creencias y a la fe que le tenía en la medicina convencional, poco a poco fue perdiendo las ganas de luchar.

Aún me cuesta digerirlo, esa increíble mujer que fue mi mamá un mes antes de que saliera de la cirugía fallida donde se suponía le iban a quitar la obstrucción intestinal me visitó en Miami y estando flaca y vomitando se recorrió caminando toda la ciudad y pasó un momento increíble a mi lado, estaba con energía y semblante, TENÍA VIDA y todo eso desapareció con la noticia de que NO HABÍA NADA QUE HACER.

La muerte de mi mamá me dejó un inmenso vacío en mi corazón, no hay un solo día que no la extrañe, ese día el mundo perdió un gran ser humano. Con su muerte y vivencia reforzó en mí una enseñanza invaluable que por cosas del destino yo venía trabajando para mi vida y con la de los demás desde hace un tiempo a través del Life Coaching. Con esta vivencia, reafirmé el enorme poder que tiene la mente sobre nuestras vidas y cómo son las interpretaciones de los hechos que nos suceden lo que nos puede cerrar o abrir puertas que en casos como el de mi mamá significaría la vida o la muerte.

Los invito a todos a revaluar como estamos pensando, pues lo que generamos desde nuestro cerebro pasa como un rayo a nuestro mundo emocional y esto repercute en nuestro bienestar físico y mental. No solamente es el cáncer lo que nos puede generar esto; el perder un ser querido, pelear con un amigo, terminar una relación de pareja, trabajar donde nos sintamos frustrados, vivir sin sueños etc es lo que con puede llevar a que nuestro paso por este mundo sea breve o sin sentido.

Todo el mundo habla de la muerte como la cosa más normal del mundo, al fin al cabo es lo único seguro y parte del ciclo de la vida... Sin embargo, una cosa es hablar de la muerte, creer saber sobre ella y decir que se entiende puesto que es algo que nos llegará a todos en algún momento y otra cosa muy diferente es enfrentarse con la mortalidad. A mis 13 años  en 1996 comenzó mi experiencia con la muerte al perder a mi papá de un infarto y ene l 2015  lloro a mi mamá pue sno podre volver a celebrar junto a ella su cumpleaños.

Perder a alguien no es fácil, de hecho es demasiado duro… el gran regalo que me dio mi mamá fue recibir este ciclo natural de la vida desde la aceptación, viviendo mi duelo y sintiendo la tristeza por su partida, pese a que estoy llorando su muerte, elijo quedarme en este mundo a celebrar su vida y compartir con quienes quedamos acá para recordarla. Esto marca toda la diferencia pues fue algo que no experimente y no sabía cómo lidiar a los 13 años cuando perdí a mi papá y no tenía las herramientas de vida que hoy tengo.

Mi mamá se fue de este mundo sabiendo que la amaba con todo mi corazón, no hubo un solo día que no se lo dijera y demostrara, lo que tenía que decirle se lo dije y lo que ella me dijo lo escuche; no hay asuntos pendientes y por eso su cumpleaños lo vivo con lágrimas de nostalgia pero en paz.

Con todo mi cariño y amor les pido que valoren a las personas que los rodean, no den por sentado que siempre estarán ahí, escúchenlas, acompáñenlas y dedíquenles tiempo para que las apoyen a ser ellas mismas y vivir su vida con toda plenitud, de eso se trata vivir en compañía de otros. El mundo emocional y la forma en que pensamos me parece todo un misterio, como Coach he sido testigo del gran impacto que esto tiene en la gente. No se necesita ser coach para estar al servicio de los demás, pero si  es necesario tener compasión para relámete escuchar a otros y entenderlos desde su punto de vista. No duden ni por un segundo a compartir con aquellas personas que son importantes para ustedes, no importa si con el tiempo se han ido dejando a un lado, si pelearon, si los intereses han cambiado; mi invitación es que si alguien es importante para ti, no pierdan la oportunidad de demostrárselo.

Podemos elegir desde donde ver el mundo, en el caso de la enfermedad de mi mamá las decisiones de mi familia fueron tomadas parados desde el miedo y no nos permitimos ver más allá de lo que nos causaba tanto terror. El cáncer lo vimos como la enfermedad moderna del siglo 21 donde tenemos que luchar contra este monstruo cuando realmente el cáncer es un síntoma de algo que le está sucediendo a nuestras vidas y a gritos nos pide que le prestemos atención.

Si hubiéramos aprendido esto antes, desde el amor y la compasión por nuestra propia humanidad abríamos entendido que el cáncer es como una gotera en el techo de nuestra casa. Podemos pañetar y estucar por donde sale el agua pero hasta tanto se corrija la gotera desde su origen seguirá reapareciendo y es importante entender que el 100% de las veces el lugar donde aparece la gotera no es donde está la fisura. Esto mismo sucede con el cáncer, si aprendemos a escuchar a nuestro cuerpo, entenderemos que este dentro de su sabia biología nos está indicando a gritos que algo anda mal en nuestra vida ya sea desde el cuerpo, nuestras emociones o nuestros pensamientos.

Cuando el cáncer aparece, es el cuerpo intentando combatir algo que nos está afectando, similar lo que sucede cuando nos da fiebre y el cuerpo eleva la temperatura para matar organismos infecciosos. Por eso el cáncer es una enfermedad moderna, en el pasado cuando no había forma de detectarlo, en muchos casos estos tumores se necrosaban una vez fuera vencido el cancer o mejor dicho atendida la causa del desbalance de nuestra vida. Con esto no quiero decir que su detección sea la causa de muerte de tantas personas, de hecho esto puede ser beneficioso o contradictorio dependiendo de la interpretación que las personas le den a esta noticia. Podemos tomar esta enfermedad como una señal de que tenemos que hacernos cargo de algo en nuestras vidas que estamos desatendiendo o podemos tomarlo como la sentencia de muerte que yo recibí hace 6 años cuando diagnosticaron a mi mamá.

El cuerpo, las emociones y el lenguaje que manejamos están siempre interconectados y en el caso de las enfermedades es lo mismo. La coherencia o la interacción de las 3 es lo que lleva a resultados distintos en nuestras vidas. En el caso del cáncer, este se no da simplemente por los hábitos de vida, ni por como son nuestros pensamientos o lo que interpretemos de lo que nos sucede, por esta razón es que conocemos personas que toda su vida han abusado de su cuerpo desde la drogas y el cigarrillo y que a pesar de haber hecho ejercicio no tienen cáncer en sus cuerpos en contraposición a personas que llevan “hábitos saludables de vida” y padecen de esta enfermedad. Para que el sufrimiento o bienestar en nuestra vida se manifieste, es necesaria esa triangulación entre emoción, cuerpo y mente. No sirve de nada si tengo una dieta vegetariana y me ejercito todos los días si la razón principal por la cual la hago no es porque me de placer sino porque desde el miedo actuó para evitar enfermedades.

La diferencia entre actuar desde pensamientos de miedo o hacerlo desde el amor propio, es que en un escenario hago o dejo de hacer para evitar un resultado, en el caso del cáncer, es evitar que me de cáncer pero mis pensamientos de miedo están constantemente en esa enfermedad hasta que finalmente me pasa algo. Por otra parte, si actuó parado desde el amor propio, lo que yo haga y o deje de hacer es porque lo disfruto y estoy honrando mi cuerpo, mente y emocionalidad. Puedo no tener una dieta estricta, pero si soy compasivo con mi cuerpo y no soy tan duro y castigador desde mis pensamientos puedo encontrar un balance ideal para mí vida. Recuerden, no es una o la otra, la coherencia entre las 3 es lo que realmente genera resultados distintos.

Me despido de ustedes con un gran abrazo y gracias por escucharme. A mi mamita, hoy en tu día de celebración te digo una vez más que te amo con toda mi alma, te prometo que viviré plenamente hasta que nos volvamos a encontrar.

Por ultimo quiero compartir con ustedes una canción que tiene mucho significado para mí y que hoy resuena aún más en mi corazón. Hace 6 años cuando mi mama comenzó su lucha contra el cáncer le dediqué la canción –Esta vida de Jorge Celedon - los dos la teníamos como ring tone cuando nos llamábamos. Si no es mucho pedir, le pido que la escuchen y si se la saben, junto conmigo cántenla en celebración de lo que la vida de mi mamá y su cumpleaños el día de hoy.

HASTA PRONTO MAMÁ 🙂 te amo

2 Respuestas

  1. Thanks-a-mundo for the post.Thanks Again. Wolfert
  2. my pleasure, I am very glad you like it Best Regards Nicolas

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